Españoles olvidados en el Gulag

Para mi los dos capítulos más tristes y crueles del siglo XX para España en el mundo han sido la muerte de dos tercios de los más de 7.000 españoles internados en Mauthausen, el campo de concentración nazi en Austria, y el encarcelamiento de unos 270 españoles en el Gulag soviético, algunos de los cuales murieron. Son las dos caras del totalitarismo del siglo XX.

En ambos casos, estas personas luchaban a favor de la Republica durante la Guerra Civil. Sobre la tragedia española en Mauthausen se ha escrito bastante (están conmemorados con una placa), se ha emitido algún documental y se conocen las fotos de Francisco Boix (internado allí), pero el drama de los españoles en el Gulag ha permanecido mucho más en la oscuridad. Bienvenido sea por ello el librito pionero de Luiza Iordache, “Republicanos españoles en el Gulag (1939-56)” (un resumen de su tesina), publicado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona, que no ha tenido el eco (un par de líneas en El País) ni la distribución que merece (el ejemplar que yo pedí tardó un mes en llegar y no por culpa del correo).

La historia, relatada en 85 páginas, es conmovedora y con nombres y apellidos (hay una larga lista de algunas de las victimas al final del libro). Los españoles republicanos, pilotos (enviados por el Gobierno de la República para realizar cursos en la URSS), marinos (tripulantes de los barcos que realizaban el transporte de materiales de guerra y víveres), exiliados y algunos “niños de la guerra” y sus maestros se encontraron en una difícil situación al final de la guerra en 1939. La no intervención en el conflicto español por parte de Francia e Inglaterra forzó al bando republicano a depender, casi exclusivamente, de la ayuda de la Unión Soviética.

Muchas de estas personas querían regresar a sus familias en España, aunque corrieran peligro en la dictadura de Franco, o ir a otro país, preferentemente en América Latina por la afinidad lingüística y cultural, pero esta actitud fue considerada tanto por el Partido Comunista Español (PCE) como por las autoridades en Moscú como antisoviética/trotskista (“enemigo del pueblo”). Todo el que no es comunista es anticomunista, el que no esta conmigo está en contra de mi fue la mentalidad estalinista. Pocos lograron el permiso para salir.

Entre los casos más dramáticos está el de Federico Gonzalo González, condenado en 1941 por su negativa a participar en una suscripción voluntaria al empréstito interno del Estado con el 10% de su sueldo; Joan Bellobi Roig, casado con una rusa, condenado por haber enseñado una foto de sus familiares residentes en España, de los que afirmó que iban bien vestidos, apreciación que en aquellos tiempos podría ser considerada como propaganda antisoviética; Julián Fuster Ribó, médico, arrestado en 1948 por haber olvidado colgar la contraseña de entrada en el trabajo dando lugar a un cruce de réplicas que en aquellos momentos podían ser consideradas antisoviéticas (no pudo regresar a España hasta 1959) y Juan Blasco Cobo metido en un calabozo frío y lleno de barro donde para maximizar la desesperación del preso y extraer su confesión se utilizaba el método de “gota de agua” que caía del techo (el año pasado vi una de estas celdas en la cárcel en Berlín de la Stasi, la policía secreta de la antigua República Democrática de Alemania). Fuster, internado en uno de los peores campos de trabajos forzados en la región de Karaganda, sale mencionado en Archipiélago GULAG del escritor ruso Alexander Solzhenitsyn.

En 1948, José Tuñón, que había llegado a la URSS como un “niño de la guerra”, se metió en un baúl de un diplomático argentino en un avión y cuando llevaban 12 minutos volando empezó a golpear dentro de la maleta porque se asfixiaba. Fue descubierto.

Pocos pudieron entender por qué fueron detenidos y en la mayoría de casos mandados a un campo. Preguntada al respecto, la poeta rusa Anna Ajimátova, con amigos entre la comunidad española, dijo: “¿Por qúe? ¿Cómo por qué? Ya es hora de saber que a la gente se le detiene por nada.” Paco Ramos sí sabía. En una entrevista en 1977 dijo que “por aquello que estaba viendo en la URSS no había yo luchado en España.” Precisamente, las autoridades soviéticas, en el contexto de la guerra fría, querían evitar a toda costa la difamación de la URSS y del PCE que suponía la salida de los exiliados españoles.

Particularmente vergonzoso, aunque no sorprendente, era la complicidad de los dirigentes comunistas españoles Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo y Fernando Claudín, entre otros, en la persecución de sus compatriotas acusados de disidentes, y que seguían manteniendo silencio sobre el asunto, que conocían de antemano, cuando empezó una campaña a partir del 1947 en el extranjero para lograr la liberación de los españoles en los campos. Carrillo, en cuyo libro de memorias (1993) evita cualquier referencia a estos asuntos, llamó a las personas que querían salir de la URSS en una reunión en 1947, según recuerda el comunista italiano Ettore Vanni, “traidores que dejan el país socialista para ir a vivir entre los capitalistas.” Alguien gritó en la reunión, “hay que darles un tiro de la espalda.”

Para combatir las “calumniosas noticias” sobre los presos españoles que empezaron a ser publicados en el extranjero, la revista Novi-Saet (Tiempos Nuevos) señalaba que los pilotos vivían en los mejores hoteles de Moscú y los marinos en los mejores de Odessa. De los más surreal es que algunos presos trabajando en una fábrica de papel leyeron esta noticia en Novi-Saet.

El librito de Iordache merece ser de lectura obligatoria para alumnos de la ESO, junto con la historia de los españoles en Mauthausen.
http://www.elimparcial.es/sociedad/espanoles-olvidados-en-el-gulag-60125.html

Fracaso escolar

Hace poco salieron las últimas cifras del abandono escolar en la Unión Europea y la tasa para España (31,9%) es la tercera más alta de los 27 países, después de Malta (39%) y Portugal (35,4%), y el doble de la media europea. Polonia, con el 5%, tiene la tasa más baja (¿el legado del comunismo, la influencia de la Iglesia Católica?). En mi país, el Reino Unido, es el 17%. Son cifras del 2008. Además, España es uno de los 11 países cuya tasa sigue aumentando y, a diferencia de casi todos estos países, desde un nivel ya altísimo.

¿Por qué tantas personas en España entre los 18 y 24 años tienen como estudios máximos la educación obligatoria (hasta los 16 años) y no siguen en formación? El problema de abandono prematuro del sistema educativo es especialmente preocupante en un país como España, con una tasa de desempleo de casi 20% y 40% entre los españoles por debajo de 25 años, y que pretende construir una economía basada menos en el trabajo físico (el uso intensivo de la mano de obra no cualificada) y más en el mental (más apoyada en el conocimiento y más internacionalizada). El Plan aprobado por el Gobierno español y la autonomías en 2008 para reducir el abandono a la mitad en 2010 no ha dado ningún fruto.

Hay teorías de todo tipo para explicar el problema. Para Bartomeu Llinàs, consejero de Educación de Baleares, el abandono escolar surge de un triunfo económico (el empleo fácil). Las Baleares tienen la tasa más alta de abandono en España, nada menos que el 44%. La mejor es el País Vasco con solo el 15%. Las diferencias entre comunidades son abismales. Es cierto que las comunidades con mejores resultados no han tenido el flujo de alumnado recién llegado de la avalancha migratoria como ha tenido las pequeñas Baleares, pero el aumento en el abandono escolar año tras año fecha de antes de la llegada de inmigrantes y solo ahora, por la fuerza de las circunstancias, la mediocre clase política lo considera un problema grave.

Este triunfo tiene pies de barro, o mejor dicho de arena porque se debe tanto a la construcción como al turismo. Los chicos y chicas que abandonaron su estudios antes de tiempo para tener un trabajo que han perdido en la recesión hoy no tienen más remedio terminar sus estudios. Así que la tasa del abandono probablemente bajará a partir del 2009, aunque me temo de forma temporal.

Otros problemas básicos son la falta de vocación/profesionalidad/motivación del profesorado y la “pasividad” de las familias, que han diferido su propia autoridad al profesor y, en las situaciones críticas se la quitan.

Hablé del problema con una amiga inglesa, antiguamente profesora de ingles como idioma extranjero y ahora consultora para educación primaria. Casada con un español, está desesperada con la educación que reciben tanto su hijo de 5 años como su hija que acaba de cumplir 3 años. La que sigue es la conversación entre madre e hijo hace unos días: ’Hoy hemos leído una historia sobre el payaso R’. ’Querrás decir P de payaso, ¿no?’ ’No, el payaso R porque hace rrrrrrrrrrrrrrrrrrr cuando se ríe.’ Y el muchacho le enseña su libro de lectura Letrilandia (Edelvives), un método cuya característica fundamental reside en la idea de convertir las letras en personajes de un mundo imaginario, y de dudosa lógica para mi amiga.

Sus mayores quejas, sin embargo, son la importancia dada desde un edad muy joven a aprender las cosas a fuerza de repetirlas, en particular información irrelevante (una técnica que evita la comprensión de un tema), y el énfasis en la producción. Cuando ella decidió llevar su hija a la guardería tres mañanas por semana en vez de cinco, para poder estar más tiempo con ella en casa, la profesora le preguntó que pasaría con las fichas. La madre se quedo con la boca abierta y la profesora añadió, “porque al final del curso, cuando lleve sus trabajos a casa, no habrá llenado todas las fichas.”

Tal vez otro factor que está detrás de la alta tasa de abandono escolar es que los estudiantes están hartos de tener que memorizar tanto y repetir cursos. Mi amiga ha decidido llevar a sus hijos a un colegio inglés que da más importancia al pensamiento crítico y no le sale mucho más caro de lo que paga ahora. Pero no es una opción para la mayoría de padres españoles que no tienen más remedio que soportar un sistema que parece estar en permanente declive.
http://www.elimparcial.es/sociedad/fracaso-escolar-59639.html

Religión y democracia

¿Cuál debe ser el papel de la religión en las sociedades de hoy? ¿Ayuda o dificulta la democracia liberal? Si los ciudadanos no comparten valores comunes, ¿sobrevive la democracia? Estas y otras preguntas de creciente importancia en un mundo con cada vez más fundamentalistas religiosos violentos se tratan en el breve y elegante libro de Ian Buruma (Taming the Gods: Religion and Democracy on Three Continents, “Domando los Dioses: Religión y Democracia en Tres Continentes”, publicado por Princeton University Press).

Buruma examina, en tres secciones, las relaciones Iglesia-Estado en Europa y en los Estados Unidos; la autoridad religiosa en China y Japón, y los retos del Islam en la Europa de hoy. Es agnóstico, pero cree que siempre se necesita la fe religiosa — el deseo por tener respuestas metafísicas a preguntas que no pueden ser contestadas racionalmente. No descarta por completo que algún día el cristianismo vuelva con fuerza en Europa como ha pasado en los Estados Unidos durante los últimos 30 años.

Las relaciones Iglesia-Estado son diferentes en cada país; no hay una situación común porque nacen de contextos históricos muy distintos. Francia es el país donde la separación Iglesia-Estado es más fuerte y consolidada, debido a la revolución de 1789-99 que se enfrentó duramente con la corrompida y toda poderosa iglesia católica. Es el país más comprometido por razones ideológicas con el secularismo. La laïcité francesa (laicidad) existe en otras formas en Turquía y México. No es casualidad que el Gobierno de Francia esté liderando un movimiento en Europa que prohíbe llevar en público el burka musulmán, un tipo de velo opaco que se ata a la cabeza y cubre la cara de las mujeres a excepción de una franja situada a la altura de los ojos. El burka completo cubre el cuerpo y la cara enteramente y llega hasta los tobillos. Según una encuesta del FT/Harris publicada al principio de este mes, esta prohibición cuenta con el apoyo de 70% de los votantes (65% en España).

Mientras Francia ha promovido la inclusión de todas las religiones bajo el paraguas del citoyen français — que no ha sido exitosa a juzgar por los disturbios en los barrios marginales de inmigrantes musulmanes — Gran Bretaña ha favorecido el multiculturalismo que tampoco ha fomentado la coexistencia y la cohesión social (los cuatro terroristas islamistas que murieron en los atentados en Londres en julio de 2005 junto con sus 56 victimas eran ciudadanos ingleses)

Para algunos, el enfoque de Francia no es liberal, y para otros el de Gran Bretaña es demasiado liberal. Buruma cree que valores comunes no son esenciales. Lo más importante es que todos los ciudadanos “actúen bajo las normas de libertad de diálogo, de expresión, independencia judicial y elecciones libres” y si lo hacen son ciudadanos democráticos sin importar que ropa llevan o que símbolo religioso cargan. Generalmente los cristianos fundamentalistas en Estados Unidos respetan las reglas, pero no así los islamistas extremistas. Lo preocupante hoy es que estos últimos nacieron y fueron educados en Europa.

Buruma cita a Alexis de Tocqueville, el gran pensador francés (1805-59) y autor de “La Democracia en América” quien expresó el punto de vista que hoy sigue siendo el convencional: el Islam no es compatible con lo que llamamos los valores del Siglo de las Luces (los valores del Occidente). Escribió que Mahoma “se trajo del cielo y llevó al Corán no solo la doctrina religiosa, sino también las máximas políticas, las leyes civiles y penales y las teorías científicas. Los Evangelios, por otra parte, hablan solo de las relaciones en general entre Dios y el hombre y de las de los hombres entre sí. El Islam no podrá mantener mucho tiempo su poder en el Siglo de las Luces y la Democracia, pues el Cristianismo es el destinado a reinar en esa etapa.” Tocqueville, que no era un experto en el Islam, olvidó mencionar que el Antiguo Testamento contiene política y leyes.

La mayoría de los países de Oriente Medio siguen siendo regímenes autoritarios por razones culturales, históricas y políticas, pero, como nos recuerda Buruma, salvo Irán y brevemente Afganistán (bajo el Talaban), los otros países son dictaduras seculares y no religiosas.

Buruma sostiene que la separación de Iglesia-Estado no tiene ni debe significar la casi segregación de las religiones, como es el caso en la ideología del multiculturalismo, y que lo más importante son las reglas del juego democrático.

http://www.elimparcial.es/sociedad/religion-y-democracia-59175.html

España necesita una economía exportadora

España se encuentra en una encrucijada de su desarrollo económico, ya no puede seguir por el mismo camino. El derrumbe del sector inmobiliario ha puesto brutalmente de manifiesto la cortedad de miras de un modelo excesivamente basado en la construcción. Ahora es más urgente que nunca elegir entre una economía que continúe basándose en el trabajo físico (el uso intensivo de la mano de obra no cualificada) o en el mental (más apoyada en el conocimiento y más internacionalizada). A medio plazo, la primera creará más empleo, pero, como ha demostrado la recesión española con más claridad que la de ningún otro país de la UE, no es ésta una solución duradera. El plan anticrisis del Gobierno, que prima la construcción con rebajas fiscales a la rehabilitación de viviendas, no apunta al cambio del modelo productivo que España necesita.

Está empíricamente demostrado que las empresas con más presencia internacional (es decir, las que exportan o adquieren compañías en el exterior) crean más empleo estable y de mayor calidad en sus países de origen que las que operan únicamente en su mercado interno. En general, dichas empresas son de mayor tamaño para tener un mayor potencial, y, con el fin de sobrevivir, han de ser más productivas y competitivas. Con todo, el tamaño no es ni el primer ni el único requisito para introducirse con éxito en los mercados internacionales. Muchas empresas pequeñas han conseguido labrarse un espacio propio partiendo de su tecnología o de un buen modelo empresarial.

Lo que hay que saber es si España es capaz de crear una economía más internacionalizada. Observemos los datos. Entre 1988 y 2009, la aportación de la demanda externa -no de la interna-, al crecimiento del PIB únicamente ha sido positiva en seis años (dos de ellos durante una recesión, 1993 y el pasado año, cuando las empresas, mimadas por el auge del mercado interno, se afanaron por vender más en el exterior). Las importaciones se vieron arrastradas y, unidas al escaso nivel de las exportaciones, hicieron que el déficit comercial llegara al 7,9% del PIB en 2008 y el déficit por cuenta corriente, al 9,5%.

Dentro de las cinco economías principales de la UE, las exportaciones de España son las de menor tamaño en relación con el PIB (26,5% en 2008) y, en términos per cápita, también son de las más escasas de las naciones desarrolladas: 5.355 dólares (3.917 euros) por persona en 2007, frente a los 34.453 dólares (25.200 euros) de Holanda, los 16.175 (11.831) de Alemania y los 7.717 (5.644) de Reino Unido, según los últimos datos comparados del Banco Mundial.

Por otra parte, las importaciones de España (el 32,4% del PIB) son las segundas más cuantiosas, después de las alemanas. En 2009, la recesión redujo considerablemente el déficit comercial, pero en gran medida esto se debió al desplome de las importaciones.

En términos generales, cuanto más elevada es la aportación de la demanda externa, más éxito tiene la economía de un país. ¿De dónde va a venir el futuro crecimiento de la economía española, y por ende la creación de empleo, si no de la demanda externa?

La Ley de Economía Sostenible del Gobierno constituye un intento insuficiente de crear una estructura más productiva y más amparada en la demanda externa. Ni siquiera acomete la ardua tarea de mejorar el sistema educativo, cuyo escandaloso deterioro ha permitido la mediocre clase política actual. Aquí radica la piedra angular de una economía más basada en el conocimiento que en el ladrillo y el mortero, y, por tanto, más capaz de internacionalizarse y de generar un mayor valor añadido.

Cuando casi uno de cada tres individuos de entre 18 y 24 años tienen como máximo la educación obligatoria y no siguen en formación; con malos resultados de lectura, matemáticas y conocimiento científico en los informes PISA; con ninguna universidad situada entre las 150 mejores del mundo y un gasto en I+D muy por debajo de la media de los 27 miembros de la UE, para crear las condiciones necesarias para impulsar las exportaciones es preciso realizar un esfuerzo hercúleo en la educación, que ni siquiera se ha iniciado. Será necesaria una década para incrementar realmente el nivel educativo.

No resulta, pues, sorprendente que los productos españoles de alta tecnología sólo representen el 5% de las exportaciones manufactureras, situándose casi en el nivel más bajo de la UE. Sí lo es, en cambio, que esas deficiencias no hayan impedido la aparición de un núcleo duro de multinacionales. El stock de inversión directa española en el extranjero representaba el 37,5% del PIB a finales de 2008. Es decir, se habían multiplicado por 12 desde 1990, siendo las más elevadas las de las grandes economías de la UE.

Sin su creciente y sólido negocio internacional, los grandes bancos y empresas españoles hubieran generado muchos menos beneficios el año pasado. Gracias a ellas, el Ibex 35 subió casi un 30% en 2009 (hasta ocho puntos más que los índices de otros mercados europeos), aunque este indicador no es representativo ni de la situación de todas las empresas registradas ni de la del contexto económico, en general adverso, como se ha visto este año con la brusca caída del Ibex.

Siete proveedores de infraestructuras españoles se encuentran entre las 10 principales empresas del sector del transporte en el mundo. Durante 2009, sus negocios en el extranjero les permitieron compensar, en mayor o menor medida, el deterioro de su mercado interno. Las empresas, y no sólo las más grandes, tienen un margen considerable de expansión en el exterior, sobre todo en Asia, que apenas han tocado.

Estrechamente relacionadas con una mayor internacionalización de la economía están la marca España y la imagen del país y de sus marcas en el exterior. Cuanto más conocida sea una marca y más positiva la imagen del país, más posibilidades habrá de que los consumidores adquieran los productos y servicios de esa empresa.

Un reciente y exhaustivo análisis comparado realizado por Young & Rubicam (R&Y) demuestra que España todavía se sigue considerando, en mayor o menor medida, un país de fiestas y siesta, y que sus productos y servicios, con algunas notables excepciones, suelen relacionarse con una imagen de escasa calidad y de niveles de innovación, liderazgo y dinamismo escasos. Según R&Y, el desafío radica en alcanzar el equilibrio adecuado entre la pasión y la sociabilidad, principales elementos del ADN del país, y la alta calidad y la seriedad.

En este sentido, ayudaría que España dispusiera de más diplomáticos para fomentar los intereses del país (Reino Unido tiene 4.000 y España, unos 1.000; es decir, proporcionalmente su dotación es mucho menor, ya que la población española representa el 75% de la británica, y su PIB se sitúa en torno a tres tercios del de ese país).

Otro paso positivo sería constituir la Comisión de Diplomacia Pública que, anunciada por José Luis Rodríguez Zapatero en julio de 2008, no ha logrado despegar aún, en parte debido a restricciones presupuestarias.

En este contexto, el esperpento de propuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid sobre el “patrimonio cultural” de las corridas de toros nada ayuda -todo lo contrario- a mejorar la imagen de España en el exterior.

España ha avanzado mucho en los últimos 35 años, pero no debería resignarse a creer que no puede ir más allá. Quedarse parado no es una opción.
http://www.elpais.com/articulo/opinion/necesita/economia/exportadora/elpepiopi/20100313elpepiopi_12/Tes